La depresión

La depresión, es un mal que afecta cada vez a más personas en la sociedad actual, esté es un trastorno del estado de ánimo y esta caracterizado por la falta de felicidad. Esta va ligada en su mayoría con la parte afectiva de una persona en la que ocurren estados de irritabilidad, decaimiento y tristeza entre otros.

Son mucho factores lo que pueden llevar a una persona a caer en la depresión incluso diversas investigaciones demuestran que la depresión puede llegar a ser un problema hereditario ya que sus genes pueden estar más propensos a caer en él, sin embargo también existen casos que sin tener un problema hereditario sufren de este tipo de trastorno.

La depresión refractaria no es una condición aislada o de poca incidencia. Esta existe y se perpetúa como discapacidad crónica en un número elevado de los casos.

Puede definirse como una condición que complica un cuadro depresivo, en la cual el tratamiento falló en mejorar la condición del enfermo, luego de un período considerable de tiempo

 
 Tratamiento de la depresión

Desde el año 1959, cuando aparecieran y se usaran por vez primera los antidepresivos tricíclicos, y cuando yo presentara en Santo Domingo mi tesis acerca de las medicinas timolépticas --- el Tōfranil, específicamente. Paulatinamente la depresión comenzó a entenderse como enfermedad de manifestaciones psicológicas con bases orgánicas, genéticas y metabólicas susceptibles al tratamiento farmacológico. Esta postura por parte del establecimiento médico resultaría en la enunciación de diversas teorías para explicar los trastornos afectivos, como también se conocen la depresión y sus condiciones asociadas. La que gozaría de la mayor acepción fue la teoría de las catecolaminas.

En el pasado que precediera los avances actuales de la neurociencia se tendía a pasar por alto los efectos en la enfermedad de factores de entorno en el que el paciente se desenvolviera. Esta actitud llegó al extremo de que, en muchos casos, psiquiatras se entrenaron sin la supervisión ni los conocimientos adecuados para poder hacer psicoterapia, la que ellos preferían hicieran otros profesionales. 

Basados en esa postura, desarrollos ulteriores avanzaron el campo de la psicofarmacología dando nacimiento a ramas de la psiquiatría que adoptarían nombres diversos, indicando su orientación organística en lugar de la meramente psicodinámica. La última, la que fuera la dominante desde que hiciera su entrada en el mundo médico proveniente del psicoanálisis freudiano.

Hoy existen, gracias a los avances de las neurociencias, otras teorías rivales, la más plausible de entre todas es la que propone el investigador Charles Nemeroff bajo el nombre de: “La Hipótesis del Factor Cortico-trópico en la Depresión”.

El espíritu que sustituyó el psicoanálisis fue la creencia de que las enfermedades afectivas eran resultado de trastornos y desequilibrios metabólicos y hormonales en el cuerpo. Que a su vez, resultaban en los síntomas depresivos que acompañaban muchos pacientes a la consulta del especialista o del generalista médico.

A su tiempo debido, la doxepina, o el prozac, hizo su debut a fines del pasado siglo, siendo conocido como agente de acción específica en el metabolismo de la serotonina cerebral. Como consecuencia otros fármacos similares y de eficacia parecidas han aumentado el arsenal terapéutico del psiquiatra y del médico de familia.

Lo que no ha sucedido, sorprendentemente, y semejándose con la cura para la gordura, es que la depresión no haya sido erradicada o controlada por los fármacos existentes.

Para complicar el asunto aún más, la depresión se diagnostica y se estudia específicamente en lo que respecta a las diversas etapas del desarrollo humano y también como enfermedad desencadenada por crisis existenciales. En otras palabras, que hay depresiones y depresiones. Unas que son típicas de la niñez, la adolescencia y de la vejez. Como por igual existen trastornos afectivos asociados con el nacimiento de un niño, con la menopausia y con la andropausia. Estos factores de origen físico, pero de manifestaciones psíquicas, no podían ser resueltos por las medicinas en aislamiento; usadas sin la contribución de la terapia.

 
El retorno de la psicoterapia:
 


A medida que la depresión cesó de ser mejorada por los varios fármacos que se usaran, juntos o en combinación, por muchos psiquiatras, se volvió necesaria una reevaluación de las técnicas de tratamientos y de sus aplicaciones para ayudar los tantos pacientes renuentes a todo procedimiento.

Últimamente, y por falta de éxito definitivo, la tendencia ha recorrido un círculo completo y se considera que el tratamiento óptimo y de mayor utilidad en todos los casos, incluyendo los resistentes, es el que combina la psicoterapia con las medicinas. Logrando que se usen medicinas, con sus potenciales dañinos, en dosis menores; cuando éstas se usan en combinación con la psicoterapia.

Un caso clínico se usará para ilustrar las tendencias actuales.

El caso de Laura

Laura sufrió de bulimia cuando apenas cumpliera quince años. Su condición, como a menudo sucede, se asoció con un trastorno depresivo de índole hereditaria. Una combinación de tratamientos psicoterapéuticos y de medicinas antidepresivas logró que su enfermedad remitiera permitiendo que ella se inscribiera en una universidad situada en ciudad urbe distante de su hogar. Como paciente activo, yo la seguía con la frecuencia necesaria, ya que el avión de la compañía, donde su papá fuera alto ejecutivo, estaba a su disposición para sus visitas conmigo.

Una vez, retornó exhibiendo un cuadro depresivo severo, tanto en la apariencia de sus síntomas como en la intensidad de los mismos.

Para evitar que abandonara la universidad, Laura fue referida a un colega que, entonces era, uno de los principales investigadores del Instituto Nacional de la Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH).

Varios meses más adelante, esfuerzos con la terapia farmacológica en dosis masivas, usando medicinas --- simples y en combinaciones --- habían fallado en producir la mejoría deseada.

Laura retornó al hogar y comenzamos terapia intensiva combinando la variedad introspectiva y psicodinámica, a la vez que se usara una medicina antidepresiva en dosis modestas. En unos meses el cuadro clínico logró ser estabilizado, permitiendo a la paciente su retorno exitoso a la universidad.

Ahora presentamos el caso de Mina o la Depresión Iátrica

A Mina le sobraban razones para sentirse deprimida. No estaba feliz en su vida matrimonial. Carecía de estímulos profesionales. Resentía el lugar donde hiciera su hogar con el esposo y había tenido un bebe a los treinta y cinco años, producto de un embarazo que no deseara.

Luego del nacimiento del niño pasó muchos días confinada a la cama sufriendo de los habituales entuertos.

Pero, cuando sus síntomas no mejoraran, su obstetra y mejor amiga decidió que Mina sufría de un trastorno depresivo, tipo post parto, y la refirió a un psiquiatra conocido. (Véase mi artículo: La Depresión Puerperal en monografías.com).

El psiquiatra y Mina no establecieron una relación basada en la empatía y mutua confianza.

Ella resintió que, desde que llegara a la consulta, el profesional quiso establecer el hecho de que esta mujer sería capaz de pagar sus honorarios normales, amén de que la hizo esperar por dos horas antes de que la admitiera en la consulta.

 
Durante las pocas sesiones que, juntos compartieran, en lo que, ella considerara un ejercicio en futilidades. El psiquiatra tomaba llamadas de índoles privadas, no escatimando detalles pocos discretos cuando, con su llamador, conversara.

Se lamentaba de la manera siguiente: “Me puso en un antidepresivo y me dijo que esa receta me iba a curar y a mejorar mi vida sexual. ¡Yo no lo fui a consultar por el sexo! --- lo resentí mucho”.

“En otra ocasión me preguntó si siempre había sido tan gorda como hoy fuera. Cuando le dije que ‘no’. Me advirtió que a las mujeres gordas --- como yo --- los hombres no le hacen caso”.

“La última vez que lo llamé. Me despidió diciéndome que estaba ‘curada’. Que parara de tomar la medicina y que no tenía que volver a verlo. Entonces, me recordó que las llamadas telefónicas representaban un honorario adicional de diez dólares por minuto…”

“Enfurecida colgué. Esa noche tuve una pelea con mi marido por regresar tarde de su noche de póker y decidí acostarme tirando las píldoras en el inodoro.


“Cuando mi esposo llegó. Me gritó. Me acusó de estar loca. De volverlo loco a él --- y aquí estoy…”

Mina mantuvo una actitud serena y desafiante durante la sesión. Su afecto era de amplitud normal y sus asociaciones tendían a lo exagerado e histriónico, por lo que apropiadamente se reía.

Por ejemplo: “Le he dicho a mi marido un millón de veces --- bueno --- quizás cien mil veces…” mientras sonriera.

Le advertí que nuestra visita era tentativa y diagnóstica. Por lo que no podría garantizarle seguimiento de ser necesario.

Me respondió: “Entonces, lo que usted quiere es que me lleve el diablo y que siga deprimida…”

Le respondí que no tenía deseos de que nadie se la llevara --- y, mucho menos, el diablo.

Silencio.

“Entonces (me dice) lo que usted quiere es que siga en esta depresión de la que no puedo salir…”

Le pregunté y observé: ¿A cuál depresión se refiere? Porque, deprimida, usted no lo está”.

Se levantó abruptamente con los brazos en jarras y me interpela de la manera siguiente: “Si no deprimida ¿Entonces qué estoy?”

Le respondí quedamente: “Usted está furiosa”.

Algo que, a carcajadas, admitiría; mientras me preguntaba, “y, ahora ¿qué hacemos?”

En un recetario comencé a escribir algo, cuando Mina, espantada me pregunta: “¿Otra receta?”

No, le di el nombre de una terapeuta por mí conocida y el título de un libro: Portnoy Complaint por P. Roth.

En este caso, como en tantos que pasan desapercibidos, la rabia reprimida e inconsciente se tornaría, como sentimientos de culpa, contra las defensas del ego y avanzarían metamorfoseándose como melancolía.

De ahí se originarían los síntomas que pareciendo depresión --- no lo fueran.

Una paciente me decía, con perspicacia singular: “Muchos doctores recetan antes de que uno entre a la consulta…”

En resumen

La “cura por el habla” es, sin duda, la cura por excelencia para la gran mayoría de los sufrimientos humanos. Pero, para que ésta sea efectiva se necesita el conocimiento y la experiencia.

Algo que, tantos pacientes como terapeutas, con frecuencia sorprendente ignoran.

Ahora, concluiremos esta lección con otra que la complementa…

La realidad y su entendimiento como instrumento terapéutico

Dr. Félix E. F. Larocca

Uno de los beneficios de ser nuestros pacientes o haber sido tratado en algunos de los centros que en el pasado dirigiéramos, es terminar siendo recipientes de una colección extensa de artículos que incrementan logros personales, acrecientan la velocidad de la terapia y facilitan la incorporación emocional de conocimientos básicos para seguir viviendo una vida libre de conflictos neuróticos. Porque para nuestros pacientes, cultivarse es un capítulo más en su desarrollo. (Véanse mis artículos acerca de la educación del paciente y sus familiares para realce terapéutico).

Cuando contemplo el mar fuera de mi ventana, me pregunto, fascinado por su belleza: ¿Es posible que todos quienes contemplen esta profusa hermosura perciban lo mismo? Un médico, recientemente me indicó que “no”. Me dijo que la vista le recordaba un parqueo y que el mar a él no le gustaba.

Volvamos al tema de la realidad y de la terapia, palabra ésta de significado ambiguo, para muchos quienes la ejercen --- así lo digo, porque, es la Realidad.